Al escuchar artistas de tan alto nivel, surgen en los participantes los propósitos que estaban un poco dormidos. Uno de ellos es el deseo de muchos jóvenes, apasionados de la música, que sueñan con realizar estudios superiores en el extranjero. No obstante, surgen las inquitudes: "¿Será que lo logro?" "¿Será que de verdad soy capaz?" "¿Tendré éxito?"
Hablando de estas cosas con una amiga muy querida, redordé una historia que había escuchado en días anteriores. Existe un crucero, al cual las personas también pueden ir a recibir un entrenamiento especial en liderazgo y competencia, impartido por miembros de la tripulación, entre ellos el mismísimo capitán. Uno de los ejercicios de ese entrenamiento es que llega el momento en que la persona es lanzada al mar, ya sea que sepa nadar o no. Para los que no saben nadar, la orden del capitán es determinante: "¡Déjenlo solo!". Se trata de que cuando una persona tiene una necesidad enorme, una necesidad en la cual está la propia vida de por medio, esa persona invariablemente va a encontrar una solución. Hasta la fecha, ni una sola persona se ha ahogado al hacer ese entrenamiento.
De lo anterior podemos aprender lo siguiente:
1. Uno realmente puede hacer lo que se propone con empeño, uno puede alcanzar cualquier meta que se proponga o que necesite alcanzar.
2. Ninguna meta que valga la pena va a ser fácil de alcanzar. Por las metas grandes hay que luchar intensamente y constantemente.
Una cosa más: cuando estamos intentando algo con todas nuestras fuerzas, cuando nos ven trabajando intensamente, no va a faltar la persona que va a llegar a decirnos: "Tomátelo con más calma", "Te estás esforzando demasiado", "Las cosas están bien, relajate un poco", y así muchas expresiones más, dichas con las "mejores intenciones". ¡Las personas que nos dicen eso son las que ya se rindieron en el camino hacia sus metas!
Así que ¿qué tanto deseamos alcanzar nuestros sueños? ¿Estamos listos para luchar día tras día para llegar a ellos? Uno de los peores errores en los que podemos caer es creer que podemos soñar, y que los sueños se van a concretar algún día sin esfuerzo. Hay que trabajar por los sueños, sin permitir que nos desvíen de nuestro camino. Nada que valga la pena va a llegar sin un duro y dedicado trabajo de por medio.
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