miércoles, 27 de abril de 2011

Etiqueta de ensamble

Hace unos días, y por sugerencia de la flautista Gaby Vargas, me encontré con un artículo del clarinetista Richie Hawley, acerca de la "etiqueta orquestal." La etiqueta es simplemente un código de reglas de comportamiento social deseables en un entorno o grupo determinado. El trabajo en un ensamble, principalmente a nivel profesional, presupone que el músico, además de su gran capacidad como ejecutante, ha aprendido ciertas reglas de convivencia básicas con sus colegas, lo que le permite desenvolverse mejor y tener un ambiente de trabajo más productivo y más llevadero. En palabras del propio Hawley, saber cuales son los "hábitos que vuelven locos" a los demás.
Los puntos que más me llamaron la atención son:
  • No voltearse a mirar a los colegas mientras están tocando
  • Tocar únicamente sus partes... no tocar los pasajes de otros colegas ni pasajes de otras obras
  • El lápiz es el mejor amigo... No cometer el mismo error dos veces porque nos "olvidamos"
  • Recordar que cada vez que estamos en público se da una impresión, buena o mala... Esto cuenta tanto para la música que tocamos como para nuestro comportamiento con nuestros colegas
  • Llegar temprano al ensayo... y estar listo y afinado 10 minutos antes de empezar
  • Nunca leer a primera vista en un ensayo
Entre algunos puntos que agregaría yo, conociendo de primera mano nuestro ambiente, son:
  • Estudiar la música (aunque esto es un hecho en otros países, en Costa Rica parece no ser tan obvio)
  • Hacer silencio (repito: aunque esto es un hecho en otros países, en Costa Rica parece no ser tan obvio)
  • Hacer las cosas bien porque . Escudarse en excusas como "es que el director es malo," "es que me cae mal," "es que mi colega...," es menospreciar nuestras propias capacidades y devaluarnos
  • No hacer comentarios durante el ensayo con respecto a la forma que se desempeña algún colega (Básicamente no chotear)
  • Detenerse inmediatamente cuando el director se detiene, y hacer silencio mientras se da una indicación, aunque la indicación sea para otro colega u otra sección
  • Se perdona (aunque no se acepta) llegar sin preparar lo necesario una vez. Si decimos que algo va a estar listo mañana, de verdad tiene que estar listo mañana
  • Si no conocemos la pieza que estamos trabajando, buscar al menos una grabación y estudiarla, entre lo posible siguiendo la partitura
  • Respetar nuestro trabajo. Tocar al mejor nivel posible, a pesar de los obstáculos, y exigir las mejores condiciones posibles para realizar nuestro trabajo (Condiciones laborales, condiciones del lugar donde vamos a tocar, condiciones dignas de trato interpersonal con superiores y colegas, etc)
  •  El trabajo de ensamble es trabajo en equipo. Nuestras actitudes no nos afectan solo a nosotros, sino a todo el ensamble
  • Las diferencias se deben comentar en privado entre los interesados. El tiempo de ensayo es únicamente para ensayar
  • Lo mínimo que podemos hacer si algún director o algún colega nos pide mejorar o cambiar algo de nuestra ejecución, es mostrar interés por hacerlo, o al menos considerarlo
Como mencioné anteriormente, estos hábitos son parte de la formación integral de cualquier músico que vaya a desempeñarse en un ensamble, desde los niveles más elementales. Como maestros, debemos insistir en que los niños y jóvenes que tenemos a cargo aprendan estos y muchos otros puntos, que hemos aprendido con nuestra experiencia en bandas, orquestas y ensambles de cámara, para que sean músicos deseables y listos para rendir profesionalmente en cualquier situación.

sábado, 16 de abril de 2011

Un músico mejor = una persona mejor

Con todo el surgimiento, en años recientes, de las escuelas de música en las comunidades, una gran cantidad de personas de todas las edades se acercan con el fin de aprender y disfrutar de la ejecución de algún instrumento. No obstante, vale la pena preguntarnos cuál es el objetivo de la mayoría de estas personas. ¿Por qué razón deciden sacar parte de su tiempo libre para dedicarlo a una actividad que requiere tanta dedicación?
En primer lugar, la mayoría de la gente se acerca a las escuelas de música para utilizar la música de forma “terapéutica.” Es el escape del fin de semana, para alejarse del estrés de los estudios o el trabajo. Estas personas simplemente quieren divertirse, crecer espiritualmente a través del acercamiento a las artes, y de rebote establecer nuevas relaciones interpersonales fuera del círculo habitual. Otro gran grupo de personas, los niños más pequeños,  muchas veces llegan a las escuelas de música gracias al interés de sus padres por que aprendan valores importantes para la vida en general, como la creatividad, la disciplina, el trabajo en equipo, y otros que se refuerzan y se aprenden a través de este arte.
En todo este panorama, ¿qué papel jugamos los profesores? Es una cuestión difícil de entender, tanto para nosotros como para los que se acercan para aprender, porque en principio tenemos objetivos diferentes. Los profesores queremos formar músicos, atentos y dedicados, con deseos de superación gracias a la práctica constante y concentrada. Dejamos asignaciones y tareas para que el estudiante dedique un poco de su tiempo cada día, y que así pueda tocar cada vez mejor. Por otro lado, muchas personas que se acercan a la escuela de música llegan con el fin de tener un pasatiempo para no estresarse, no para tener un deber más por el cual preocuparse. ¿Qué hacer entonces?
Me parece que podría ayudar muchísimo que las mismas escuelas establezcan políticas muy claras, con los niveles de exigencia y los cursos y deberes obligatorios que se esperan de cada estudiante; que el estudiante y sus padres tomen una decisión responsable al matricularse, y que nosotros como profesores sepamos hasta dónde podemos exigir. Que haya un compromiso de todas las partes. Si los padres y el estudiante consideran que no se podrá cumplir con cada obligación que establece la institución, lo mejor será que el estudiante tenga clases particulares, fuera del ambiente de la escuela.
Ahora bien, sea en el ambiente de la escuela de música o en las clases privadas, los profesores no debemos, bajo ninguna circunstancia, bajar nuestras expectativas, con la excusa de que “de por sí, ni van a ser músicos.” Uno de los valores que enseñamos los profesores de instrumento es el respeto profundo por el trabajo, incluso cuando tenemos que hacer algo que no nos gusta y hay que hacerlo de forma excelente. Debemos dar el ejemplo en eso. Si bajamos el nivel de exigencia, nosotros mismos estamos devaluando nuestra labor. Además (y escribo esto pensando en los más pequeños, en los niños que están en pleno proceso de formación de valores), la disciplina que se requiere para establecer y respetar un horario de estudio y actividades diarias, en el que la música tiene un espacio definido, será determinante en una persona adulta, que en un futuro tendrá que atender sus labores profesionales, sus compromisos familiares, sus obligaciones con los bancos, el mantenimiento de su hogar, y muchas otras actividades relacionadas con el diario vivir.
En el libro You can become a good musician, Richard Cox afirma que la razón menos importante para aprender a tocar un instrumento es ser capaz de tocarlo. Asegura que la mayoría de personas van a llevar clases de música si acaso por un par de años, y que recibirán una formación básica que no será suficiente para ejecutar satisfactoriamente en público. ¿Por qué gastar tanto tiempo y dinero en eso? Mediante la música, lo mismo que por medio de los deportes y otras actividades artísticas, aprendemos auto-confianza, trabajo en equipo, sensibilidad, coordinación de las partes del cuerpo, respeto por los superiores y otras habilidades sociales, valores y capacidades necesarios para ser mejores personas. Si los profesores permitimos que el estudiante no dé su mejor esfuerzo para mejorar, y más bien fomentamos actitudes que fortalezcan la mediocridad, estaremos fallando en la formación de las personas bajo nuestra responsabilidad. Personas íntegras, que cada día den lo mejor de sí en sus labores a pesar de los obstáculos, con inteligencia y entrega absoluta, que nuestra sociedad actual tanto necesita.

martes, 5 de abril de 2011

Un buen artículo

Acabo de leer un artículo escrito por Jay Friedman, trombonista principal de la Orquesta Sinfónica de Chicago, y traduzco aquí algunos fragmentos que me gustaría compartir:
"En estos días, pareciera que la gente está tocando más notas que nunca. Los ejecutantes revisan montones de materiales, a velocidades exageradas, como si aquel que acumule más notas ganara! Desafortunadamente, muchas veces el ejecutante terminará su práctica teniendo la misma capacidad con la que empezó, y en realidad ese no es el objetivo general de la rutina de práctica."
"Recuerdo que hace muchos años salió una serie de ejercicios que se llamaba "la escuela de la primera vista." [...] Este método tenía únicamente una meta: desarrollar la capacidad del ejecutante para enfrentarse al repertorio que no era familiar. A pesar de ser un concepto excelente, no tomaba en cuenta el objetivo de que cada sesión de práctica debe ayudar a que sonemos mejor; algo que la lectura a primera vista, tan valiosa como pueda ser, no hace. Esto nos lleva a la pregunta: qué tanto de nuestra práctica diaria debe estar enfocada en la lectura a primera vista, posiblemente a expensas de sonar mejor?"
"Cuando trabajo con algún estudiante, o por mi cuenta, digamos que en un estudio de Rochut, puede ser que me quede unos 10 minutos solamente en la primera frase, porque lo que siento es esto: si podemos tocar la primera frase con un buen sonido, legato, podremos tocar el estudio completo y tal vez el resto del libro a ese mismo nivel. Por el contrario, si no podemos ni con una frase mejor no seguir. Solamente con trabajar el principio del estudio se determina la calidad de la pieza entera, trabajando en la calidad de la primera nota de la primera frase define la calidad de la frase entera. Creo que ya estamos viendo un patrón aquí, o por lo menos eso espero."
"Había dicho en un artículo previo que a veces el tiempo de práctica más valioso era cuando hago algo que llamo "tontear." Esto significa simplemente sentarse y tocar notas o frases al azar, y tratar de trabajar en una faceta específica de la ejecución, como el sonido, el legato, articulación, tocar forte, tocar piano, registro agudo, registro grave, etc. No estoy viendo la música, que a veces más bien nos distrae del producto que estamos entregando. No digo que este sea siempre el método preferido para practicar, pero un porcentaje del tiempo lo debemos dedicar únicamente a la forma en que sonamos, y no a cubrir material."
Muy interesante la visión de Mr. Friedman, definitivamente un ejemplo a seguir, especialmente en los ejecutantes profesionales y en estudiantes de niveles avanzados.

sábado, 2 de abril de 2011

Por amor a la música


Muchos colegas y amigos, de diversas áreas, hablan constantemente de ser profesionales, y cada quien aporta su visión. En este caso quiero comentar lo que considero que implica ser un músico profesional.
Casualmente, en el periódico La Nación de hoy sábado, el titular dice que los jóvenes costarricenses le huyen a las carreras de alta demanda laboral por “miedo” a las ciencias exactas, más específicamente a las matemáticas. Vale la pena preguntarse si los jóvenes realmente desisten de ser médicos y economistas por esa razón, o hay un trasfondo en la situación. Para poner dos ejemplos: los estudiantes de medicina, además de enfrentarse con las temidas matemáticas, deben ser capaces de afrontar largas jornadas, con pocas horas de sueño, y estudiar directamente las partes y el funcionamiento del cuerpo humano trabajando con cadáveres de personas que nadie reclama en la morgue judicial, para eventualmente enfrentarse con el deber moral de intervenir en la vida de cualquier persona para mejorar su calidad. Esto puede implicar desde recetar la pastilla correcta para aliviar un dolor de cabeza, hasta abrirle el pecho con un bisturí para realizar un trasplante de corazón. El estudiante de economía, por su parte, se entrena en la difícil tarea de analizar las situaciones que le rodean, para tomar decisiones que permitan que las personas tengan acceso a una mejor calidad de vida mediante una economía favorable. El economista, además de todos los obstáculos que enfrentará en su paso por las aulas universitarias, tiene que considerar que posiblemente llegará el día en que tenga el destino económico de sus compatriotas en sus manos (incluso sus vidas: es conocido que en países del primer mundo hubo personas que se suicidaron ante un fracaso financiero), que de él depende que los pobres se vuelvan más pobres, que aumente la delincuencia como resultado de sus decisiones, e incluso que se enfrente a sus más profundos valores morales cuando tenga que tomar una determinación que vaya contra los grupos de poder de cualquier país, a pesar de la jugosa recompensa que le puedan ofrecer.
Volviendo al trasfondo de la determinación de los muchachos que recién salen del colegio, también he conocido amigos míos muy queridos, que han tenido que llevar los cursos de cálculo varias veces con tal de seguir con sus aspiraciones profesionales. Algunos de ellos han salido victoriosos de esa tarea, que más parece una batalla cuerpo a cuerpo, y otros han tenido que reconocer, con dolor y humildad, que las ciencias exactas no son para ellos, que lo mejor es buscar otra carrera que, de forma digna, les permita su realización personal. Así que no es solo que los jóvenes le tienen “miedo a la matemática,” sino que el sistema de educación está justamente construido de tal manera que las personas puedan reconocer y plantearse con seriedad cuál es su mejor opción para la vida profesional. Y eso está bien.
La música es ampliamente reconocida como un vehículo muy efectivo para hacer mejores personas. Desde muy niños, los estudiantes de música aprenden los valores de la disciplina, el respeto, el trabajo en equipo, la creatividad, la sensibilidad, entre muchos otros, que serán de vital importancia en su vida adulta. La música es una materia fundamental en la educación, así como la ortografía, la gramática, las matemáticas, la física y la biología. Es parte de la formación integral de cualquier persona, como necesidad de un conocimiento básico de todas las áreas del quehacer de los seres humanos.
Ahora bien, las implicaciones de convertirse en músico profesional son mucho más complejas. Aunque todas las personas reciban una educación musical básica eso no los convierte en músicos. Hay una gran confusión, y se cree que cualquier persona que desee y se esfuerce puede ser músico. Los profundos deseos y el esfuerzo son una motivación fundamental para perseguir cualquier meta, pero no son suficientes. Hay muchas personas que quieren ser médicos, pero no pueden. El músico profesional es una persona muy inteligente, que se ha preparado profundamente en su área, que defiende su trabajo y espera que los colegas que lo rodean lo respeten y lo traten como se merece, en una relación de igualdad. Es un profesional que respeta y ama tanto su trabajo, que debe ser capaz de sobrepasar las situaciones más adversas y realizar su labor al nivel de exigencia y perfección más alto posible. Si hay algo que un músico profesional no tolera, es que las personas que le rodean echen a perder su trabajo por negligencia. El valor del trabajo en equipo, que los músicos profesionales aprendimos desde muy pequeños, no es solo unir esfuerzos para lograr una meta común y celebrar juntos al final. También se trata de presionar y competir sanamente, haciendo ver a las personas que no van al mismo ritmo, que están atrasando a sus compañeros y que se necesita un esfuerzo mucho mayor para que estén al mismo nivel. Y esto no tiene nada de inhumano ni desconsiderado. No me imagino al profesor de cálculo haciendo el examen más fácil, para que el “pobrecito” de la clase pase el curso y pueda seguir su camino con la mira en convertirse en doctor o economista. El profesor que procede de esa forma no es un humanista, es un irresponsable que está creando falsas expectativas, permitiendo que una persona que no tiene capacidad para desenvolverse profesionalmente en un campo específico, vaya a tener una responsabilidad con la que no va a poder lidiar.
Por fortuna, en la música profesional no hay vidas en riesgo, ni economías que se desploman, pero sí tenemos la responsabilidad de entregarle al público un producto de alta calidad. Tal vez el pensamiento sea que la música es para divertirse, y que la gente igual lo va a disfrutar si es una cimarrona (con todo respeto para los músicos de cimarrona, porque yo no puedo tocar esa música como se debe), o si es una orquesta sinfónica. Yo, como músico profesional, sufro cuando un acorde no está afinado, cuando el sonido no es de buena calidad, cuando por indicaciones confusas mis compañeros y yo no podemos tocar una simple nota al mismo tiempo… y aún así, la belleza y la perfección de la música en sí me permite hacer todos los inconvenientes a un lado y disfrutar y amar mi trabajo. Hasta suena un poco masoquista, verdad? Además, la gente no lo va a disfrutar igual. Si pensamos así, estamos subestimando a nuestro público porque simplemente no conoce los aspectos técnicos de nuestro trabajo. La perfección en la ejecución musical hace la diferencia entre ir a un concierto y salir simplemente feliz, o salir con lágrimas en los ojos, o que se ponga la piel de gallina, o sentir que por un momento nos despegamos del mundo en el que vivimos para visitar un mundo mucho mejor. Si logramos lo último, gracias a la perfección de la ejecución musical, vamos a convertir a esa persona que fue al concierto por pura casualidad, en el público que en el futuro va a volver por más. Para ponerlo en términos que se utilizan en nuestro mundo mercantil: estamos construyendo clientes felices y satisfechos, y el cliente satisfecho siempre vuelve por más. Para seguir con los términos mercantiles, y que no sé si por desgracia o por bendición no es la regla en la realidad costarricense: el tiempo de ensayo es muy caro. Pagar a un grupo de músicos miles de dólares por una sesión de ensayo que no dé los frutos suficientes es inaceptable. Los músicos profesionales, que aparentemente solo nos preocupamos por tocar mecánicamente y a la mayor perfección posible los instrumentos, incluso con frialdad, y nos enojamos si alguien nos estropea el trabajo o nos hace perder el tiempo, somos personas que nos hemos preparado con muchísima responsabilidad para estas condiciones laborales, en el que el tiempo es oro. Sabemos lo que cuesta y cuánto nos hemos esforzado para llegar a la mayor efectividad posible, y eso es lo que esperamos de nuestros colegas. Los estudiantes que deciden seguir la música profesionalmente se enfrentan a estas situaciones desde muy jóvenes, y si deciden tomar el paso deben saber muy bien a lo que van. Así es la música profesional, y cada vez la situación va a ser más dura, porque hay mucha más competencia y menos dinero. Cruda situación.
Como en cualquier rama, el profesionalismo es resultado de una actitud y una aptitud. Los profesionales en la música las tenemos, y lidiamos con situaciones que las ponen a prueba constantemente. Una persona musical no es lo mismo que un músico profesional, eso hay que entenderlo. Cada persona en este mundo tiene mil fortalezas y mil debilidades. Reconocerlas, aceptarlas y mejorar lo que se pueda es la vida. A mí me encanta tomar fotografías, realmente lo disfruto, pero yo no soy un fotógrafo profesional. Eso me hace apreciar y respetar profundamente aún más a las personas que sí tienen la fotografía como carrera, y nunca voy a intentar ponerme a su lado, a pesar de que ocasionalmente logre captar un buen paisaje. Mi paisaje fue una casualidad. El paisaje de un fotógrafo profesional lleva implícito un conocimiento profundo de su instrumento, que es la cámara, y de conceptos técnicos como la luz, el encuadre, el contraste, el objetivo, la abertura del diafragma, que en mi cuadro salió automáticamente gracias a la generosidad de la fotografía digital.
Los músicos profesionales recibimos una paga por nuestro trabajo, porque necesitamos el dinero y nos lo merecemos, pero eso es solo una parte de la bonificación. Y aquí está lo bello de la música: lo que realmente nos motiva y nos mueve el corazón es que cada vez haya más oídos escuchándonos, que cada vez haya más gente que quiera ir hasta donde estemos para compartir ese momento mágico, indescriptible, cuando los sonidos se organizan para tocar corazones y aliviar los ánimos gastados y cargados. Y eso no es gratis; los músicos profesionales estamos comprometidos con la más alta calidad para lograrlo. Hay personas muy talentosas, muy queridas, que se irán quedando en el camino porque reconocen que no tienen la capacidad para lograrlo, que no pueden realizar ese sacrificio. Esas personas no tienen nada malo, ni tienen que sentirse mal por ello, simplemente se dieron cuenta con mucho dolor que la vida de sacrificios del músico profesional no es para ellos.