Muchos colegas y amigos, de diversas áreas, hablan constantemente de ser profesionales, y cada quien aporta su visión. En este caso quiero comentar lo que considero que implica ser un músico profesional.
Casualmente, en el periódico La Nación de hoy sábado, el titular dice que los jóvenes costarricenses le huyen a las carreras de alta demanda laboral por “miedo” a las ciencias exactas, más específicamente a las matemáticas. Vale la pena preguntarse si los jóvenes realmente desisten de ser médicos y economistas por esa razón, o hay un trasfondo en la situación. Para poner dos ejemplos: los estudiantes de medicina, además de enfrentarse con las temidas matemáticas, deben ser capaces de afrontar largas jornadas, con pocas horas de sueño, y estudiar directamente las partes y el funcionamiento del cuerpo humano trabajando con cadáveres de personas que nadie reclama en la morgue judicial, para eventualmente enfrentarse con el deber moral de intervenir en la vida de cualquier persona para mejorar su calidad. Esto puede implicar desde recetar la pastilla correcta para aliviar un dolor de cabeza, hasta abrirle el pecho con un bisturí para realizar un trasplante de corazón. El estudiante de economía, por su parte, se entrena en la difícil tarea de analizar las situaciones que le rodean, para tomar decisiones que permitan que las personas tengan acceso a una mejor calidad de vida mediante una economía favorable. El economista, además de todos los obstáculos que enfrentará en su paso por las aulas universitarias, tiene que considerar que posiblemente llegará el día en que tenga el destino económico de sus compatriotas en sus manos (incluso sus vidas: es conocido que en países del primer mundo hubo personas que se suicidaron ante un fracaso financiero), que de él depende que los pobres se vuelvan más pobres, que aumente la delincuencia como resultado de sus decisiones, e incluso que se enfrente a sus más profundos valores morales cuando tenga que tomar una determinación que vaya contra los grupos de poder de cualquier país, a pesar de la jugosa recompensa que le puedan ofrecer.
Volviendo al trasfondo de la determinación de los muchachos que recién salen del colegio, también he conocido amigos míos muy queridos, que han tenido que llevar los cursos de cálculo varias veces con tal de seguir con sus aspiraciones profesionales. Algunos de ellos han salido victoriosos de esa tarea, que más parece una batalla cuerpo a cuerpo, y otros han tenido que reconocer, con dolor y humildad, que las ciencias exactas no son para ellos, que lo mejor es buscar otra carrera que, de forma digna, les permita su realización personal. Así que no es solo que los jóvenes le tienen “miedo a la matemática,” sino que el sistema de educación está justamente construido de tal manera que las personas puedan reconocer y plantearse con seriedad cuál es su mejor opción para la vida profesional. Y eso está bien.
La música es ampliamente reconocida como un vehículo muy efectivo para hacer mejores personas. Desde muy niños, los estudiantes de música aprenden los valores de la disciplina, el respeto, el trabajo en equipo, la creatividad, la sensibilidad, entre muchos otros, que serán de vital importancia en su vida adulta. La música es una materia fundamental en la educación, así como la ortografía, la gramática, las matemáticas, la física y la biología. Es parte de la formación integral de cualquier persona, como necesidad de un conocimiento básico de todas las áreas del quehacer de los seres humanos.
Ahora bien, las implicaciones de convertirse en músico profesional son mucho más complejas. Aunque todas las personas reciban una educación musical básica eso no los convierte en músicos. Hay una gran confusión, y se cree que cualquier persona que desee y se esfuerce puede ser músico. Los profundos deseos y el esfuerzo son una motivación fundamental para perseguir cualquier meta, pero no son suficientes. Hay muchas personas que quieren ser médicos, pero no pueden. El músico profesional es una persona muy inteligente, que se ha preparado profundamente en su área, que defiende su trabajo y espera que los colegas que lo rodean lo respeten y lo traten como se merece, en una relación de igualdad. Es un profesional que respeta y ama tanto su trabajo, que debe ser capaz de sobrepasar las situaciones más adversas y realizar su labor al nivel de exigencia y perfección más alto posible. Si hay algo que un músico profesional no tolera, es que las personas que le rodean echen a perder su trabajo por negligencia. El valor del trabajo en equipo, que los músicos profesionales aprendimos desde muy pequeños, no es solo unir esfuerzos para lograr una meta común y celebrar juntos al final. También se trata de presionar y competir sanamente, haciendo ver a las personas que no van al mismo ritmo, que están atrasando a sus compañeros y que se necesita un esfuerzo mucho mayor para que estén al mismo nivel. Y esto no tiene nada de inhumano ni desconsiderado. No me imagino al profesor de cálculo haciendo el examen más fácil, para que el “pobrecito” de la clase pase el curso y pueda seguir su camino con la mira en convertirse en doctor o economista. El profesor que procede de esa forma no es un humanista, es un irresponsable que está creando falsas expectativas, permitiendo que una persona que no tiene capacidad para desenvolverse profesionalmente en un campo específico, vaya a tener una responsabilidad con la que no va a poder lidiar.
Por fortuna, en la música profesional no hay vidas en riesgo, ni economías que se desploman, pero sí tenemos la responsabilidad de entregarle al público un producto de alta calidad. Tal vez el pensamiento sea que la música es para divertirse, y que la gente igual lo va a disfrutar si es una cimarrona (con todo respeto para los músicos de cimarrona, porque yo no puedo tocar esa música como se debe), o si es una orquesta sinfónica. Yo, como músico profesional, sufro cuando un acorde no está afinado, cuando el sonido no es de buena calidad, cuando por indicaciones confusas mis compañeros y yo no podemos tocar una simple nota al mismo tiempo… y aún así, la belleza y la perfección de la música en sí me permite hacer todos los inconvenientes a un lado y disfrutar y amar mi trabajo. Hasta suena un poco masoquista, verdad? Además, la gente no lo va a disfrutar igual. Si pensamos así, estamos subestimando a nuestro público porque simplemente no conoce los aspectos técnicos de nuestro trabajo. La perfección en la ejecución musical hace la diferencia entre ir a un concierto y salir simplemente feliz, o salir con lágrimas en los ojos, o que se ponga la piel de gallina, o sentir que por un momento nos despegamos del mundo en el que vivimos para visitar un mundo mucho mejor. Si logramos lo último, gracias a la perfección de la ejecución musical, vamos a convertir a esa persona que fue al concierto por pura casualidad, en el público que en el futuro va a volver por más. Para ponerlo en términos que se utilizan en nuestro mundo mercantil: estamos construyendo clientes felices y satisfechos, y el cliente satisfecho siempre vuelve por más. Para seguir con los términos mercantiles, y que no sé si por desgracia o por bendición no es la regla en la realidad costarricense: el tiempo de ensayo es muy caro. Pagar a un grupo de músicos miles de dólares por una sesión de ensayo que no dé los frutos suficientes es inaceptable. Los músicos profesionales, que aparentemente solo nos preocupamos por tocar mecánicamente y a la mayor perfección posible los instrumentos, incluso con frialdad, y nos enojamos si alguien nos estropea el trabajo o nos hace perder el tiempo, somos personas que nos hemos preparado con muchísima responsabilidad para estas condiciones laborales, en el que el tiempo es oro. Sabemos lo que cuesta y cuánto nos hemos esforzado para llegar a la mayor efectividad posible, y eso es lo que esperamos de nuestros colegas. Los estudiantes que deciden seguir la música profesionalmente se enfrentan a estas situaciones desde muy jóvenes, y si deciden tomar el paso deben saber muy bien a lo que van. Así es la música profesional, y cada vez la situación va a ser más dura, porque hay mucha más competencia y menos dinero. Cruda situación.
Como en cualquier rama, el profesionalismo es resultado de una actitud y una aptitud. Los profesionales en la música las tenemos, y lidiamos con situaciones que las ponen a prueba constantemente. Una persona musical no es lo mismo que un músico profesional, eso hay que entenderlo. Cada persona en este mundo tiene mil fortalezas y mil debilidades. Reconocerlas, aceptarlas y mejorar lo que se pueda es la vida. A mí me encanta tomar fotografías, realmente lo disfruto, pero yo no soy un fotógrafo profesional. Eso me hace apreciar y respetar profundamente aún más a las personas que sí tienen la fotografía como carrera, y nunca voy a intentar ponerme a su lado, a pesar de que ocasionalmente logre captar un buen paisaje. Mi paisaje fue una casualidad. El paisaje de un fotógrafo profesional lleva implícito un conocimiento profundo de su instrumento, que es la cámara, y de conceptos técnicos como la luz, el encuadre, el contraste, el objetivo, la abertura del diafragma, que en mi cuadro salió automáticamente gracias a la generosidad de la fotografía digital.
Los músicos profesionales recibimos una paga por nuestro trabajo, porque necesitamos el dinero y nos lo merecemos, pero eso es solo una parte de la bonificación. Y aquí está lo bello de la música: lo que realmente nos motiva y nos mueve el corazón es que cada vez haya más oídos escuchándonos, que cada vez haya más gente que quiera ir hasta donde estemos para compartir ese momento mágico, indescriptible, cuando los sonidos se organizan para tocar corazones y aliviar los ánimos gastados y cargados. Y eso no es gratis; los músicos profesionales estamos comprometidos con la más alta calidad para lograrlo. Hay personas muy talentosas, muy queridas, que se irán quedando en el camino porque reconocen que no tienen la capacidad para lograrlo, que no pueden realizar ese sacrificio. Esas personas no tienen nada malo, ni tienen que sentirse mal por ello, simplemente se dieron cuenta con mucho dolor que la vida de sacrificios del músico profesional no es para ellos.