miércoles, 30 de septiembre de 2015

Disciplina y persistencia, claves para el éxito

Constantemente estamos haciendo planes en nuestras vidas. Queremos un carro nuevo, queremos bajar de peso, queremos cambiar de trabajo... Y para alcanzar cada una de esas cosas, establecemos un plan. Todos los seres tenemos la capacidad de imaginar soluciones a cada una de las situaciones que se nos presentan.
Al determinar dónde queremos llegar, definimos una meta, un objetivo a alcanzar, pero muchas veces ese objetivo se transforma en un sueño de lo que quisimos hacer. Entonces, ¿qué falló? Si teníamos un plan, a veces bastante brillante, ¿por qué no alcanzamos el objetivo?
Un plan no es suficiente. El establecer la meta deseada es apenas el primer paso; un paso vital, pero apenas el primero de muchos. A partir de ahí necesitamos disciplina y persistencia para no perder el objetivo, para realizar cada una de las acciones y los sacrificios necesarios para llegar a la meta. En el camino, SIEMPRE encontraremos muchos obstáculos que nos tentarán con desviarnos. Encontraremos muchas personas, que por las buenas o por las malas, intentarán frenar nuestro avance, ofrecernos otras opciones, o incluso nos atacarán cuando vean que nuestras ideas realmente funcionan. 
Lo más importante siempre será mantenernos en el camino hacia nuestra meta, sin distraernos por las cosas que nos rodean, pero sin pasarle por encima a nadie, permaneciendo siempre fieles a nuestros principios. Y asegurarnos que cada acción, en todas las dinámicas de nuestras vidas (nosotros mismos, familia, trabajo, amigos, etc.), contribuya a acercarnos más a ese objetivo tan deseado. La disciplina y la persistencia son sin duda las claves para nuestros éxitos. Pensemos en los planes que hemos abandonado, las metas que se convirtieron solo en sueños, y veremos que en el fondo de todo está la falta de esos dos ingredientes vitales para alcanzar cualquier meta, por enorme que sea.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Si no sabe qué hacer, esto le podría ayudar

Con seguridad, todos nosotros hemos pasado por esas épocas que no sabemos qué hacer con nuestras vidas, en nuestras relaciones, en nuestros trabajos... Todos los días es lo mismo y sentimos que no hay resultados satisfactorios, no producimos lo que queremos a satisfacción, sentimos que nuestro potencial se desperdicia... ¿Qué hacer, cómo seguir adelante? Lo que estoy haciendo, ¿tiene algún sentido?
De pronto, al llegar a este punto, es hora de preguntarnos:
1. ¿Qué es lo que puedo hacer realmente bien? También puede funcionar esta pregunta: ¿Qué es lo que me gusta hacer?
2. Con esto que puedo hacer realmente bien o que me encanta hacer, ¿cómo puedo ayudar a los demás?
Siempre hay alguien a nuestro alrededor que necesita ayuda, y si nosotros podemos hacer que la vida de esa persona sea mejor, ¿por qué no darle una mano?
Es una realidad que si las personas en mi entorno están bien, y tienen buenas condiciones para vivir, yo mismo tendré mayores oportunidades.
Ayudemos sinceramente a los demás con lo que podemos ofrecerles, es un buen "negocio". Pongamos nuestras capacidades y conocimientos al servicio de los seres a nuestro alrededor. Ofrezcamos lo mejor de nosotros, en abundancia, y pronto veremos cómo lo que hacemos vuelve a tener un sentido renovado y una intensidad mayor que antes.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Un bien más valioso que el dinero

Recientemente, una de las noticias más sonadas ha sido la crisis de la marca alemana Volkswagen. Durante años, los fabricantes alteraron el software de los vehículos con motor de diesel para que en ciertas pruebas se reflejaran índices de contaminación menores a los reales, y este fraude fue descubierto por un estudio universitario independiente. Incluso, algunos expertos ya han denominado este asunto como "Dieselgate", en alusión al famoso caso "Watergate".
Los daños económicos serán cuantiosos (en el orden de los billones de dólares), incluso podríamos estar ante el final de una marca insignia de la industria mundial. Y sin embargo, la pérdida más grande de Volkswagen no será el dinero, sino la confianza de sus clientes e inversores.
En cualquier cosa que hagamos, desde las relaciones familiares hasta los vínculos laborales y de negocios, todo se basa en que realmente entreguemos lo que otras personas esperan de nosotros, o al menos lo que nosotros mismos prometimos. Caso contrario, la que sufre es la confianza depositada en nosotros. Conforme los demás confíen menos en nosotros, nuestras puertas se irán cerrando, hasta que eventualmente nuestro intercambio cese por completo.
Volkswagen decepcionó a millones de clientes, que posiblemente habían confiado en la marca durante mucho tiempo. Los compradores de carros, habitualmente, escogen un fabricante y se quedan con él. Cambian de carro, pero no de marca. Con lo sucedido, es casi seguro que muchísimas personas le darán la espalda a la marca que los traicionó.
¿Cómo está la confianza que otros nos han dado? ¿Estamos cumpliendo las expectativas o estamos traicionando a nuestros "clientes"? Las lecciones que nos da el mundo de las grandes empresas se puede aplicar a todo lo que hacemos, tanto en lo personal como en lo profesional.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El primer control de calidad

Siempre, en nuestras vidas estamos en un intercambio constante, ¿cierto? Nosotros producimos algo, lo entregamos, y recibimos algo a cambio.
Ahora bien, muchas veces lo que producimos (un producto comercial, una idea, una receta de cocina, etc.) no puede ser intercambiado de inmediato y debemos salir a venderlo. Hacer una venta es un proceso muy interesante, porque se trata de encontrar a alguien que posiblemente estará interesado en ese producto, establecer comunicación con esa persona, establecer un punto (al menos) en que estemos de acuerdo. Después de eso averiguamos cuáles son las necesidades o los intereses reales de esa persona, y en ese momento damos el paso adelante: le presentamos nuestro producto, le exponemos nuestra idea. A partir de ahí, la persona puede poner mil objeciones a lo que ofrecemos, y depende de nuestra habilidad y nuestro conocimiento, sobrepasar esas objeciones, cerrar la venta y entregar el producto.Muchas veces hemos vendido y comprado ideas, planes, conceptos, a nosotros mismo cuando intentamos convencer a alguien de que nos contrate...  
El punto de esta reflexión es el siguiente: ¿cómo vamos a manejar todas las objeciones de la persona que tenemos al frente, si no estamos convencidos de que nuestro producto es lo mejor? ¿Cómo vamos a establecer un intercambio si nuestro producto no excede, o al menos alcanza, las expectativas de nuestro "cliente"? ¿Qué solución encontraremos si ni siquiera conocemos con certeza ese producto?
Nuestras vidas dependen de un intercambio continuo, y la única forma de incrementar ese intercambio, y por ende todas las cosas en nuestro entorno (amigos, colegas, posesiones, dinero, etc.) es entregando algo que exceda lo que se espera de nosotros.
Vender es convencer a alguien de que adquiera lo que le ofrezco a cambio de algo más, que normalmente es dinero, pero también muchas veces nos pagan con algo más valioso que la plata: apoyo incondicional.
Por un momento cambiemos la perspectiva, e imaginemos que nos estamos vendiendo nuestro propio producto. Conociendo a consciencia lo que hemos creado... ¿lo compraríamos? ¿Si tuviéramos que contratar a un empleado con nuestras actitudes y nuestros hábitos, lo contrataríamos?

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Está bien... no se comunique... bajo su propio riesgo

¿Qué es más conveniente? ¿Ir por ahí contando acerca de nuestras ideas y nuestros proyectos, o
guardarlo para que nadie lo copie?
Definitivamente lo mejor que uno puede hacer es hablar de los proyectos y sueños propios con las personas que nos rodean, ojalá con aquellos que tienen aspiraciones parecidas a las nuestras. Así se podrán reconocer a los verdaderos amigos valiosos, porque esas personas harán lo posible por ayudarnos. Mostrarán interés y serán generosos, y normalmente nuestra idea termina teniendo más cuerpo y más fuerza. Lo que nació como un concepto acaba más cerca de concretarse en el mundo real.
Igualmente, las personas que nos critican, que ponen "peros", o que nos bajan de las nubes, también nos están haciendo un enorme favor: nos están mostrando que con ellas no debemos contar para nada. La crítica es una forma de frenarnos, y eso no lo podemos permitir.
Comentemos nuestras ideas y hagámoslas más poderosas. Lo más beneficioso que podemos lograr es la colaboración entre nuestros contactos y que todos por igual crezcamos y seamos más fuertes.