lunes, 30 de mayo de 2011

La batuta no suena

Una de las quejas más constantes que se escucha en una banda o en una orquesta es que los ensayos y los conciertos no suenan bien por culpa del director. No puedo negar que a veces esto resulta cierto, pero muchas veces los que estamos del otro lado del podio podríamos hacer la diferencia, a pesar de los obstáculos que surgen con los directores.
Hay ciertos aspectos de la ejecución en ensamble que dependen propiamente del director, tal vez la más importante es que es la persona encargada del resultado artístico, de la interpretación de una obra musical. Los músicos nos ponemos a disposición del director y entregamos una combinación de las ideas del maestro junto con nuestra interpretación. En el mejor de los casos, la colaboración es mutua y ambas partes aportan una cuota equivalente. En otras ocasiones nos encontramos con directores "autocráticos," que dictan cada detalle de la interpretación y esperan que el músico simplemente sea un instrumento más. Por otro lado nos encontramos también a los músicos difíciles, que no permiten ni siquiera sugerencias. Una orquesta profesional, según el gran Kurt Massur, es una colección de egos, y el ego más grande de todos es el mismo director. A pesar de lo hostil que puede resultar esa afirmación, la verdad es que en los ensambles actuales las diferencias de opinión se pueden solucionar con una conversación cordial y hasta informal, en el descanso o después del ensayo, más que con demostrar frente a toda la orquesta quién tiene el ego más grande.
Volviendo a los puntos que considero están bajo el control del director, encontramos el gesto oportuno y el control del cuerpo para lograr la mayor parte de la interpretación sin decir una sola palabra; y cuando las palabras son necesarias, brindar observaciones directas y objetivas. Controlar las dinámicas del ensamble, los tempos iniciales y las variaciones en el flujo del discurso musical, como los accelerandi y los ritardandi (con esto me refiero a que el director da la referencia inicial, pero de ninguna forma es un metrónomo), dictar las pautas del estilo (fraseo, articulación), todo lo anterior con el fin de lograr una ejecución unificada entre los miembros del ensamble. Un detalle que considero muy importante es que las ideas del director sean el fruto de un estudio y análisis consistente, y no el resultado del sentimiento del momento. A los músicos nos confunde mucho, y hasta nos molesta, cuando las indicaciones y los gestos cambian de ensayo a ensayo, y lejos de lograr una ejecución unificada más bien provocan un clima de incertidumbre y tensión previo al concierto. No se trata de dar clases e imponer un estilo, porque es muy común que en los ensambles modernos haya músicos que tienen incluso más bagaje que el mismo director. Se trata de convencer al músico para que toque de cierta manera, aunque el criterio sea nuevo y diferente. El director que se pone frente a un ensamble con la intención de imponerse, según mi humilde opinión, ya perdió la batalla. Por otro lado, existe el director que es lo suficientemente sensible para reconocer sus debilidades y limitaciones, aún sin decir una sola palabra, y decide convertirse, en el momento oportuno, en el "espectador más cercano," para beneficio de todos: música, ensamble y audiencia.
Ahora bien, aunque el director que tenemos al frente sea un genio de la música, la batuta no suena. Hay aspectos de la ejecución musical que dependen única y exclusivamente de los músicos. Una de las experiencias más interesantes que he tenido como parte de la audiencia, fue escuchar a Chicago Symphony en varias ocasiones, y con varios maestros. Recuerdo ver a los músicos tocando intensamente, al máximo de sus capacidades, cuando estaban bajo la batuta de un gran maestro... y también recuerdo verlos haciendo únicamente su trabajo, "atender el negocio," a pesar de que al frente estaba un director famoso y reconocido cuyo nombre llenó la sala. La orquesta sonó bien, "a pesar de..." Dicho sea de paso, al director no parecía importarle mucho la apatía de la orquesta entera, él simplemente se subió al podio y tuvo su noche. Y claro, él se llevó los aplausos. A pesar de que los músicos no fueron convencidos por el director en cuestión, ellos son profesionales conscientes de que la reputación de su orquesta está en sus manos, de ellos depende sonar increíble cada concierto. El director de turno es secundario.
Insisto, la batuta no suena. Hay muchos aspectos que un director puede trabajar, y de hecho los músicos no esperamos menos, pero el resultado depende, al fin y al cabo, de los músicos. Depende de nosotros sonar afinados siempre, conocer nuestro instrumento y hacer el esfuerzo por mejorar cada día, practicar los pasajes difíciles y estudiar la partitura, tocar juntos todo el tiempo, escuchándonos con atención, brindando el espacio para el instrumento que tiene el solo, demostrando que una parte fundamental de nuestro trabajo es tocar y conocer la pieza, saber qué papel cumplimos en el contexto de la obra completa, no únicamente manipular un instrumento.
Muchas veces cometemos el error de poner al prueba al director. Eso es una tontería, en la que la única perjudicada es la música. Sabemos que estamos desafinados, sabemos que estamos tocando notas y ritmos incorrectos, sabemos que no tenemos un pulso unificado, pero no nos preocupamos si el director "es tan malo que no se da cuenta y no dice nada." En los tiempos de Karajan al frente de la Filarmónica de Berlín, cuando la orquesta no estaba tocando junta o había problemas porque los músicos no se estaban escuchando, él simplemente bajaba los brazos y dejaba de dirigir hasta que los músicos empezaran a tocar juntos de nuevo. Una forma muy sutil de decir "Ustedes hagan su trabajo, después yo hago el mío!" Es también nuestra responsabilidad mejorar de ensayo a ensayo, anotar las indicaciones y no perder el tiempo. No hay nada más molesto, y además poco productivo, que tener que detenerse a trabajar los mismo detalles, simplemente porque a algún compañero se le olvidó apuntarlo. Es parte de la etiqueta de ensamble, que había comentado en un artículo anterior.
Como se puede ver, en la relación ensamble - director, cada parte tiene sus responsabilidades bien definidas. Cada quién tiene labores específicas que cumplir, con responsabilidad y profesionalismo, para que el resultado final sea satisfactorio.

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