domingo, 10 de julio de 2011

Un gran concierto... lástima que no había público!

Muchas veces hemos pensado eso, verdad? O aún mejor: "por qué viene tan poca gente al recital? Si por Shakira hasta pagan un montón de plata, y ni canta bien!"

Antes de seguir adelante, quisiera compartir con todos el siguiente video:

 http://www.ted.com/talks/benjamin_zander_on_music_and_passion.html

Ahora sí, pensemos un poco. Por qué le gente muestra tan poco interés en la música clásica? De quién es la culpa? Después de ver a Benjamin Zander me es inevitable pensar que la culpa es de nosotros mismos. Muchas veces, los músicos profesionales que nos inclinamos por estudiar y ejecutar la música "clásica" perdemos el panorama, y nos esforzamos por brindar interpretaciones que comprenden un gran dominio técnico, un profundo conocimiento de la historia y de la teoría musical, incluso de consideraciones filosóficas muy elevadas... pero eso no es lo que conmueve a la gente.

Música para la gente o música solo para músicos? La respuesta a esa pregunta la debe encontrar cada uno de nosotros, según sus deseos y sus ideales. Lo que sí puedo asegurar es que si decidimos inclinarnos por lo segundo, las salas de concierto seguirán igual o más vacías que hasta ahora. Benjamin Zander nos enseña, directamente y sin rodeos, que todas las personas tienen en su corazón y su mente la posibilidad de dejarse llevar por la música "clásica." Insisto en las comillas, porque la música es música.  A algunos músicos y melómanos, a través de la historia, les ha gustado sentirse en un pedestal, como los "privilegiados que sí entienden." Esto por desgracia ha creado la falsa impresión de que hay música y músicos más valiosos que otros. También se ha pensado que hay "música buena" o "música mala." Lo único que diferencia una pieza de otras es el proceso con el que fue creada. Mozart escribió óperas con acompañamiento de orquesta porque era el medio existente en la época, no porque quería escribir obras superiores.Me gusta imaginar que Beethoven, uno de los mayores genios de todos los tiempos, posiblemente se enojaría mucho al saber que su Himno a toda la Humanidad ha sido elevado a un pedestal inalcanzable para la mayoría de los seres humanos. También ha sucedido que grandes músicos, con habilidades superiores, olvidaron la meta del ejecutante frente al público: no se trata de dar un espectáculo mostrando mis capacidades; se trata de ponerme a disposición de la pieza y de la persona que la escribió, ser un medio para transmitir un mensaje.Todas las horas de práctica y el afán por conseguir el máximo dominio de nuestro instrumento deben estar enfocadas en hacer honor a la obra que tenemos en frente, e interpretarla con respeto y entrega para el compositor y el público que nos acompañe.

Benjamin Zander muestra una de las grandes virtudes de la música clásica: con los sonidos podemos imaginarnos lo que queramos. El fragmento de Chopin que él interpreta, y la sugerencia de imaginarnos a un ser querido que ya no esté con nosotros, nos devela un detalle importantísimo que a veces olvidamos: los grandes compositores, que utilizaron los recursos técninos más avanzados de su época, plasmaron sus vidas en las obras que escribieron. La música es el reflejo de los sentimientos de un ser humano, que también perdió seres queridos, que también se alegró por un amor, que también se llenó de emoción o se frustró por los acontecimientos históricos de su época. La obra literaria más grande de Latinoamérica, Cien Años de Soledad, no se destaca sobre las demás por el manejo magistral de García Márquez de la gramática o de la sintaxis española, sino porque utiliza estos recursos técnicos, entre otros, para pintar un retrato vivo de nuestros pueblos. En la novela encontramos situaciones con las que todos nos familiarizamos. Por eso es que ha sido leída una y otra vez por diferentes generaciones de todas las culturas del mundo. Si los ejecutantes nos convertimos en instrumentos y logramos conectar al compositor, al ser humano que tuvo una vida más allá de los sonidos, con el público, las personas se van a identificar con ese compositor que dejó un retrato de su entorno y su vida en un pentagrama, y van a adoptar su música como algo propio, y dejará de ser un bien reservado para unos pocos, como una joya detrás de una gruesa vitrina.

En este mundo medio descompuesto, el público que llega a un concierto no necesita escuchar "música cerebral." Necesita ponerse en contacto con todas las sensaciones, todos los sentimientos que lo hacen humano. Si logramos, mediante la música, que a todos "les brillen los ojos," vamos a ser un poquito más sensibles, y cada vez vamos a tener más personas deseosas de ir una y otra vez a los conciertos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario