Siempre, en nuestras vidas estamos en un intercambio constante, ¿cierto? Nosotros producimos algo, lo entregamos, y recibimos algo a cambio.
Ahora bien, muchas veces lo que producimos (un producto comercial, una idea, una receta de cocina, etc.) no puede ser intercambiado de inmediato y debemos salir a venderlo. Hacer una venta es un proceso muy interesante, porque se trata de encontrar a alguien que posiblemente estará interesado en ese producto, establecer comunicación con esa persona, establecer un punto (al menos) en que estemos de acuerdo. Después de eso averiguamos cuáles son las necesidades o los intereses reales de esa persona, y en ese momento damos el paso adelante: le presentamos nuestro producto, le exponemos nuestra idea. A partir de ahí, la persona puede poner mil objeciones a lo que ofrecemos, y depende de nuestra habilidad y nuestro conocimiento, sobrepasar esas objeciones, cerrar la venta y entregar el producto.Muchas veces hemos vendido y comprado ideas, planes, conceptos, a nosotros mismo cuando intentamos convencer a alguien de que nos contrate...
El punto de esta reflexión es el siguiente: ¿cómo vamos a manejar todas las objeciones de la persona que tenemos al frente, si no estamos convencidos de que nuestro producto es lo mejor? ¿Cómo vamos a establecer un intercambio si nuestro producto no excede, o al menos alcanza, las expectativas de nuestro "cliente"? ¿Qué solución encontraremos si ni siquiera conocemos con certeza ese producto?
Nuestras vidas dependen de un intercambio continuo, y la única forma de incrementar ese intercambio, y por ende todas las cosas en nuestro entorno (amigos, colegas, posesiones, dinero, etc.) es entregando algo que exceda lo que se espera de nosotros.
Vender es convencer a alguien de que adquiera lo que le ofrezco a cambio de algo más, que normalmente es dinero, pero también muchas veces nos pagan con algo más valioso que la plata: apoyo incondicional.
Por un momento cambiemos la perspectiva, e imaginemos que nos estamos vendiendo nuestro propio producto. Conociendo a consciencia lo que hemos creado... ¿lo compraríamos? ¿Si tuviéramos que contratar a un empleado con nuestras actitudes y nuestros hábitos, lo contrataríamos?

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