jueves, 24 de septiembre de 2015

Un bien más valioso que el dinero

Recientemente, una de las noticias más sonadas ha sido la crisis de la marca alemana Volkswagen. Durante años, los fabricantes alteraron el software de los vehículos con motor de diesel para que en ciertas pruebas se reflejaran índices de contaminación menores a los reales, y este fraude fue descubierto por un estudio universitario independiente. Incluso, algunos expertos ya han denominado este asunto como "Dieselgate", en alusión al famoso caso "Watergate".
Los daños económicos serán cuantiosos (en el orden de los billones de dólares), incluso podríamos estar ante el final de una marca insignia de la industria mundial. Y sin embargo, la pérdida más grande de Volkswagen no será el dinero, sino la confianza de sus clientes e inversores.
En cualquier cosa que hagamos, desde las relaciones familiares hasta los vínculos laborales y de negocios, todo se basa en que realmente entreguemos lo que otras personas esperan de nosotros, o al menos lo que nosotros mismos prometimos. Caso contrario, la que sufre es la confianza depositada en nosotros. Conforme los demás confíen menos en nosotros, nuestras puertas se irán cerrando, hasta que eventualmente nuestro intercambio cese por completo.
Volkswagen decepcionó a millones de clientes, que posiblemente habían confiado en la marca durante mucho tiempo. Los compradores de carros, habitualmente, escogen un fabricante y se quedan con él. Cambian de carro, pero no de marca. Con lo sucedido, es casi seguro que muchísimas personas le darán la espalda a la marca que los traicionó.
¿Cómo está la confianza que otros nos han dado? ¿Estamos cumpliendo las expectativas o estamos traicionando a nuestros "clientes"? Las lecciones que nos da el mundo de las grandes empresas se puede aplicar a todo lo que hacemos, tanto en lo personal como en lo profesional.

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