domingo, 17 de noviembre de 2013

Yo estudio mi instrumento, pero ni sé qué es eso ni para qué sirve

Ayer, después de un ensayo con un grupo de jóvenes, estaba bastante abrumado. Al llegar a otro sitio donde trabajo, me encontré con dos colegas profesores que se sentían igual de abrumados que yo. El problema es este: no sabemos cómo lograr que nuestros estudiantes saquen el mejor provecho de sus capacidades; no cabe duda, no logramos que los estudiantes “estudien” y llegamos a la misma conclusión. La culpa la tenemos nosotros los profesores, en algo estamos fallando. Afortunadamente, la mayoría de mis compañeros de trabajo y yo partimos de la idea de que las personas realmente quieren hacer las cosas bien y mejorar, pero por diversas razones no pueden, y consideramos al educador como un facilitador.
Decidimos ir a arreglar el mundo mientras tomábamos café, siempre con el mismo tema dando vueltas sobre la mesa. Hasta que uno de mis compañeros pudo descifrar el problema: el malentendido está en que nosotros mandamos a los estudiantes a “estudiar”, pero no les explicamos qué significa eso. Si tomamos un diccionario y buscamos la palabra ESTUDIAR, nos encontramos esta definición (bastante seca, por cierto): ejercitar el entendimiento para alcanzar o comprender algo (DRAE). En otras palabras: si mandamos a un chico a estudiar, lo estamos mandando a que ejercite su mente hasta que comprenda lo que tiene enfrente. Y de hecho eso hacen: todos sin excepción entienden que una nota es tal o cuál, las identifican hasta con facilidad; todos saben la diferencia entre una negra, una blanca, una corchea, etc.; casi todos pueden diferenciar sin dificultades las tonalidades; y así podemos pensar en muchas cosas más. Pero simplemente no pueden tocarlo satisfactoriamente. Además, debemos considerar que en el sistema educativo actual, estudiar significa ir a leer un libro hasta saber de memoria una serie de datos, a veces incomprensibles, pero necesarios para aprobar el examen del día siguiente. Obviamente, en la práctica de un instrumento musical eso es absolutamente insuficiente.
Veamos, en cambio, el significado del término PRACTICAR; el panorama cambia radicalmente. Practicar significa ejercitar, poner en práctica algo que se ha aprendido; usar o ejercer algo continuadamente; ensayar, entrenar, repetir algo varias veces para perfeccionarlo (DRAE). Seamos sinceros: esto es lo que nosotros los músicos hacemos todos los días, y queremos que nuestros estudiantes hagan. La palabra practicar lleva implícita la acción de repetir hasta conseguir el dominio de algo. Posiblemente para nosotros está claro que estudiar es lo mismo que practicar, pero ¿lo está también para ellos? Una cosa tan básica, como usar las palabras correctas y saber lo que significan, pueden cambiar por completo cualquier situación adversa.
Para dominar cualquier labor, es necesario repetirla muchas veces, hacerla muchas veces, y esto es cierto tanto para las operaciones matemáticas que aprendemos en el colegio, como para cocinar una buena receta, como para tocar un pasaje musical consistentemente, con seguridad. Primero observamos cómo se hace (en música esta “observación” puede consistir en escuchar con atención al modelo que tenemos, como nuestro profesor, o un CD); en segundo lugar, aprendemos todos los detalles del oficio que sean posibles, en forma gradual, desde lo más sencillo hasta lo más intricado; y por último, practicamos la acción hasta que nos salga según nuestra aspiración. No hay otra forma de volvernos competentes en la ejecución instrumental.
Una reflexión más con respecto al concepto de aprender: pensemos por un momento en un bebé que conozcamos, o que hayamos conocido. Recordemos cómo fue que ese infante aprendió a caminar. Primero observó cómo lo hacían los adultos que tenía alrededor, luego vino el deseo de imitarlos, y luego empezó una práctica constante, que dura años, en la que hay adultos que lo guían y le brindan su ayuda. Ahora pensemos en la época cuando aprendimos a montar una bicicleta: primero vimos cómo lo hacían otras personas, luego pudimos entrar en contacto con el objeto, tener la realidad de la bicicleta, después nos explicaron dónde había que poner los pies, cómo moverlos, dónde estaban los frenos, etc; y después tuvimos que practicar hasta lograrlo. Incluso llegamos a decir, con un poco de humor, que quien siendo niño no se cayó de una bici, nunca fue niño. Por cierto, en las dos actividades descritas,
esa práctica es sinónimo de aprendizaje, no de un momento a otro, sino durante un período más o menos prolongado. Esta es la forma natural en la que aprende el ser humano. ¿En qué momento empezamos a considerar la ejecución musical como algo diferente a andar en bicicleta? Tocar un instrumento, o cantar, es un proceso físico, algo que nosotros mismos producimos con nuestro cuerpo con movimientos muy finos y muy entrenados, hasta alcanzar un objetivo. Tocar un instrumento musical, o cantar, lleva implícito el concepto puro de practicar, no únicamente de estudiar.
Con todo respeto, deseo sugerirle a todos mis compañeros profesores que cambiemos ese término. Insistamos en la importancia de la práctica para dominar los aspectos técnicos de nuestro instrumento. Si nuestros estudiantes no pueden tocar de manera satisfactoria, eso no es necesariamente un problema de “entendimiento,” sino falta de práctica efectiva.

1 comentario:

  1. Hermoso artículo Juancito y muy asertivo además. Creo que todos los educadores (y mira que no digo "profesores") llegamos en algún punto a la disyuntiva de los resultados que esperamos con respecto a los que se nos pueden presentar en la realidad.
    Quisiera mencionar 3 puntos. Primero, el léxico. Bien apuntas Juancito la gran problemática que tenemos actualmente, en la comunicación. El problema es que muchas veces el mensaje que deseamos transmitir en nuestro papel como emisores, no es comprendido por los estudiantes como receptores. Pueden existir múltiples factores de ambas partes, pero creo que mencionas uno muy claramente: no utilizamos bien las palabras por que el tico ha perdido la riqueza del léxico. Hay que ver la poesía tica, las letras de nuestros himnos y de la literatura de hace unos años... La lengua es como un instrumento musical, se debe aprender, enriquecer y practicar diariamente para poder mejorar el nivel y tener una mejor comprensión de lo que queremos pedir y recibir. Qué pasa con nuestra juventud?, nada más que la sociedad dejó de dar y pedir esa riqueza. Un ejemplo sencillo, esos anuncios del periódico "La Extra" donde sale alguien utilizando un léxico que para un adulto sería un nivel óptimo y contrarrestan diciendo: nosotros hablamos para el pueblo. Hmmm... conformismo barato!... que difícil el papel del educador... para pedir hay que dar, hasta en la forma de comunicarnos...
    El segundo punto que bien mencionas, va ligado al sistema de aprendizaje. Si en nuestro rol como educadores desconocemos las formas en que aprende la gente, el trabajo se convierte en una cuesta hacia arriba... El sistema que mencionas es conocido como "aprendizaje por imitación u observación" (http://es.wikipedia.org/wiki/Tipos_de_aprendizaje). Es muy útil realmente, pues el educador debe ser modelo y encausar los pasos del estudiante hasta el dominio del concepto.
    Por último, quisiera hacer un comentario sobre el rol del músico profesor, a partir de la experiencia de mis años de estudiante y de los 20 que tengo como docente. Tristemente la calidad como ejecutante no va de la mano con la del ser educador. Cuántos profesores conocí, maravillosos músicos, pero pésimos educadores?. Se les puede culpar? Hmmm sí y no. Me explico, no en la medida que no se le puede pedir peras a un olmo. No todas las personas tenemos dotes de educadores, músicos, bailarines o cirujanos. Está en cada uno ser responsables de ver nuestro interior y saber si una carrera en docencia es lo ética-mente responsable para asumir un trabajo donde el futuro de muchos nuevos músicos se viene forjando. Por otra parte, sí, en el supuesto de que, si asumimos una responsabilidad de tal magnitud, debemos prepararnos con nuestro mejor esfuerzo. La reflexión sería: como educador, ¿estoy cumpliendo a cabalidad el compromiso que la sociedad me a confiado?.
    Dicen en el argot educativo, que: "la excelencia del docente se refleja en el éxito socioemocional de sus estudiantes", osea... bofetada! pues nos piden no solo el éxito en sus aprendizajes, estudios, carreras, etc... también, que esos estudiantes que llegan confiando sus esperanzas y sueños, encuentren en su educador a un "maestro" (muy a la usanza griega), que le guíe durante su proceso de formación de una manera integral.
    Me despido elogiando una de tus actitudes, cuando mencionas: "La culpa la tenemos nosotros los profesores, en algo estamos fallando." Los estudiantes no son malos, poco hábiles, desinteresados, etc. somos nosotros que no hemos sabido enseñar, guiar, interesar, desarrollar en ellos su potencial. Debemos recordar que el ser humano tiene potencial infinito, como tal, todos tenemos lo necesario para ser excepcionales!!! Como músico, docente, estudiante, persona... todos podemos dar lo mejor cada día.
    Un abrazo fuerte! Oye y gracias! Si amo el clarinete, fue gracias a lo que aprendí contigo, por tu paciencia y dedicación.

    ResponderBorrar